
| Principios para la catequesis de adultos del Plan Pastoral de los Estados Unidos para la formación en la fe del adulto: “Sentíamos Arder Nuestro Corazón” |

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Principio Uno: La meta de la catequesis de por vida es el discipulado. Aún aquella que ofrecemos a los niños/as es una catequesis de Católicos adultos maduros en su fe. Este principio nos sugiere que no es suficiente sólo conocer la doctrina, sino comprender el significado de vivir nuestra fe en la vida día a día como discípulos de Cristo. Principio Dos: La catequesis de por vida nace de la vida parroquial. A veces es posible que pensemos en tirar la toalla durante el proceso parroquial de la catequesis adulta, diciéndonos que los adultos no la quieren, o que no tienen tiempo para ella, o que no encaja en el presupuesto, o que los niños/as son primero, o cualquier otra excusa. Cuando hacemos esto, otras personas llegan a la vida de nuestra gente, por ejemplo la espiritualidad popular o la cristiandad evangélica, que muchas veces ofrecen cosas buenas pero que no son presentaciones sistemáticas de nuestra fe Católica. La parroquia es el lugar dónde nace la catequesis de por vida y si no lo sentimos así, estamos fallando en nuestra obra. Principio Tres: La catequesis de por vida es sistemática, es decir, que la catequesis fomenta una profunda conversión a lo largo de la vida de la persona y la lleva a una comprensión contemporanea de la fe, como lo muestra el Catecismo de la Iglesia Católica. En otras palabras, debemos ofrecer a los adultos algo substancial de manera que deseen formar parte de ella. Principio Cuatro: Lo que ofrecemos en la catequesis de por vida debe hacer conexión con la vida diaria. El Catecismo nos explica cuan real y profundo es el hambre innata del ser humano por Dios. Cristo es el pan y el agua de vida que satisface esta hambre. Si las personas no llegan a entender lo que ofrecemos en la catequesis de por vida, no estamos cumpliendo nuestra meta. Principio Cinco: La catequesis de por vida tiene dos resultados. El primer resultado es la transformación. Nuestras vidas son transformadas cuando tenemos un encuentro con Cristo. Experimentamos el perdón y perdonamos. Experimentamos la misericordia y somos misericordiosos. Experimentamos la generosidad y somos generosos. Experimentamos el Cuerpo de Cristo y somos el Cuerpo de Cristo. Principio Seis: El segundo resultado es la vida de servicio y sacrificio. Sabemos lo que significa vivir la muerte del Señor y entendemos que sólo muriendo a nosotros mismos es como podemos vivir en la luz de la resurrección. Esta maravillosa experiencia del Misterio Pascual debe ser parte de cualquier catequesis de por vida. Los obispos llaman a esto “el poder transformante de la gracia de Dios” y tienen razón. Es transformante. Es poderoso. Y es un don gratuito, una gracia real abierta para nosotros por medio de la catequesis de por vida. Principio Siete: Esta es una obra esencial. No tenemos opción. Los obispos llaman esta obra “nuestra tarea central” del trabajo catequético parroquial en su totalidad. No tenemos la libertad de decidir dejar de hacer la parte adulta de nuestro ministerio. Esto quiere decir que lo que ofrecemos a los adultos debe coordinar y coincidir con lo que ofrecemos a los niños/as. No son programas separados, son programas unidos, uno fluye del otro. Elementos que contribuyen a reuniones de adultos Uno – Nosotros los Cristianos nos reunimos alrededor de la mesa para compartir los alimentos tanto en nuestros hogares como en el centro parroquial. Esto es un elemento esencial en la preparación del ambiente para la conversión y la enseñanza. Dos – Cuando nos reunimos, sea por cualquier motivo, es necesario que compartamos nuestra fe uno con el otro. La fe compartida es viviente y profunda. Conociendo a Cristo y viviendo de acuerdo a los Evangelios no es asunto privado. Es importante crear de alguna manera u otra una experiencia positiva para aquellas personas que se reunen a compartir su fe y a leer la palabra de Dios. Tres – Todo lo que hacemos, todo lo que enseñamos o ejemplificamos en la catequesis de adultos tiene como finalidad formar y aumentar “hogares de fe” Todo lo que enseñamos, rezamos, y celebramos debe ser enviado al hogar. Cuatro – Las asambleas deben sentirse litúrgicas. La planificación de ellas incluye el uso de elementos litúrgicos, como la música, la reflexión, la mistagogia, los símbolos y el ritual. ___________________________________________________________________ Tomado del árticulo escrito por Bill Huebsch, 2005 para Harcourt Religion Publishers – y traducido con permiso por Ida Miranda. |